Vulcano Ultra Trail

Diciembre - Petrohue, Lago Todos Los Santos, Chile

Vulcano Ultra Trail VUT

Relato VUT #23 por Leila Villagrán

“DESVENTURAS DE UNA PRIMERIZA EN TRAIL”

1.jpg

 CSM!; Pensé. Y me inscribí. Eso fue hace poco más de 4 meses. En ese entonces era una simple corredora de cemento incentivada por un grupo de amigos los “Contraviento”; Y por culpa de Cristian, fundador de grupo, maratonista y amante del running; en un arrebato de entusiasmo, me inscribí…; y pensé lo que pensé…

Partir de 10 km a 33 por cerro… era y es, definitivamente,  otro mundo. Que otro mundo! Otras piernas, otros músculos y otro peso, otras horas de entrenamiento, otro equipamiento!  Pero allí estaba yo. Miraba páginas de trail, leía,  hacía los ejercicios de fortalecimiento, hacía abdominales, corría mejorando distancia y…. me daba cuenta que no bastaba con un par de zapatillas y las ganas. También estaba el cortaviento, que las calzas, que la mochila y todo el kit de sobrevivencia porque al acercarse el día, ir recibiendo las cartas VUT y ver en la página la ruta casi a diario, seguía pensando  -“CSm… en que me metí!” y como era mi primer trail, obvio, toda recomendación la adoptaba como propia. Antes del 7 nada sobraba!

Y allí estábamos la noche previa. En el camino al VUT quedaron un par de amigos Contraviento, cosas de la vida. Pero allí estábamos: Miguel y yo en 33km y Alicia en 15km. Probándonos la polera, arreglando la mochila, riéndonos. La charla técnica nos había exaltado más los nervios. Alicia me miraba con ganas de ir por los 33 y yo la miraba con ganas de bajarme a los 15… pero la emoción era de aperrar como fuera, total no iba por récord en  tiempo… sino que era por correr el VUT, mi primer Trail.

7 diciembre 2013 - 9:30hrs.

2.jpg

Y allí estábamos. La sonrisa de oreja a oreja como niños frente a la aventura, listos para partir, con la música de Rocky, los gritos de la gente, la adrenalina a full, la mochila lista y los nervios de punta. Las corridas de Eli, buscando el mejor ángulo para las fotos, capturándo el momento. Las arengas finales. Los abrazos.  Partir.

 Y allí estaba yo. Llegando a las 7 horas y cuarenta y tantos minutos después. 

-“Llegué csm! Llegué!”….. Sin mucha sonrisa, sino con el corazón apretado y el llanto a la vuelta de la esquina, con las piernas a media máquina, la rodilla derecha que me punzaba  y entre frustrada-cansada-enojada y emocionada. Claro que había llegado, pero el cansancio y las horas me pasaron la cuenta. La caída y gateada en cuatro patas para levantarme fue lo de menos. Ese famoso “muro” de los maratonistas creo que me alcanzó en los últimos 4 km… y pucha que fue agotador no sólo físicamente seguir… a decir verdad, la llegada no la disfruté mucho. Iba enrabiada conmigo, media enojada con el mundo, media haciendo pucheros y ultra cansada. Pensando mil cosas –“ Maldita rodilla!... Casi 8 horas!... Mis amigos esperando!... La última en llegar!.”  Resumiendo: un desastre.

 

Al rato, con mis pobres patas y las rodillas en el agua fresca del lago, ya más calmada y tragándome las emociones iba sopesando la hazaña de llegar y aunque caminara más que corriera, como alguien dijo por allí:  no sería nada de fácil. Los 10 primeros km de pura subida me agotaron. No llegaba nunca a la bendita cima. Pero ver pasar a Marlene Flores, seguirla un par de metros  como una Marlenebelieber y que gentilmente se detuviera para sacarme una foto con ella (claro después de gritarle como una loca  –“marlene!!!  Por usted estoy aquiiiii…!!! )  fue una dosis de energía mejor que un asqueroso gel (perdón , pero son asquerosos!).  Ya casi a las 3 horas de subir y subir y subir... la roca Vulcano. No grité arriba de ella  pero si pensé, en mi casi ya  lema de mi carrera,  “al fin csm!!". 

De ahí, una delicia de carrera cuesta abajo. Paisaje desplegado a mis pies, el viento frío de montaña y empecé a adelantar, me tiré por los bordes, me enterré en la gravilla suelta, me reencantaba con la carrera, lo más duro había pasado! Pensaba, según mi mapa mental, que ahora serían suaves subidas y bajadas. Ahora podría correr…!!

Grave error de cálculos. No sumé la rodilla ni el agotamiento progresivo. Tampoco los bichos ni las ampollas de los pies ni las uñas por perder, la tierra en la garganta y en las zapatillas.  Y definitivamente no resté mi mente entusiasta pero ilusa de llegar a las 6 horas…. Eso si que sumaba el apoyo de los chicos de naranja, los gritos de la niña del punto El Solitario, por que si yo llevaba más de 6 horas corriendo ella llevaba más de seis horas gritando. Impresionantes cuerdas vocales!! Un saludo para ella. 

Sumaba al engullir plátanos y tomar líquidos en los bien abastecidos PAS. Restaba mi mal humor progresivo, mi malestar emocional al sentir que no avanzaba, el grito ahogado cuando me dio el pinchazo en la rodilla y tuve que sólo caminar unos buenos trechos. Más restas que sumas.

4 km. A lo lejos la explanada y en el horizonte el lago. Nunca pensé que 4 km se vieran tan lejos.  La pregunta -¿vas bien?  se repetía entre los que me pasaban (y pasaban…) al trote, al igual que mi respuesta – "si, gracias. La rodilla me jode un poco". Luego un par de suaves bajadas y el pinchazo desgraciado que no me dejaba tranquila. Agotada y malhumorada, pensando que ya eran las 5 de la tarde (cuando en realidad eran las 15hrs, veía mal la hora) y las llamadas al celular de mis amigos para saber si estaba viva, me irritaban tanto como los tábanos. Pero el infantil temor que me quitaran mi número y no me dejaran terminar la carrera era más fuerte. Cuando escuché que me faltaba como un kilómetro hice tripas corazón y comencé a trotar. Llegar y cruzar la meta al trote era, sin dudas, vencer todo el cansancio y cumplir mi propósito.

-Vamos! La carrera por la playa y ya estás!

-400metros! Sigue las marcas!

-Vamos que tú puedes!

Agradecía las palabras pero cada palabra que escuchaba  era contener las lágrimas porque la meta estaba casi allí. “Siempre digna” me decía. “Sin dramas” me repetía… entre variados y múltiples ”vamos csm!” mentales, que a esa altura ya era el ringtone de mi carrera. Ahora me doy cuenta que las emociones son más potentes que la dignidad absurda del estoicismo.

Metros finales y aparece la Alicia, verme la cara y correr a mi lado fue su innegable apoyo. Me pregunta por la rodilla y un “va bien” explicado en gestos, muecas y un mascullado “me dio una puntada” fue suficiente.  Imposible picar al final.  La Eli en la meta, mirándome con cara asustada  sin saber si sacar fotos a mis emociones del momento o no, porque vaya que iba desbordada.

3.jpg

Llegar. Medalla al cuello. Nadie se me acerca mucho. Quizás que cara tengo. Millones de emociones y explosiones por gritar… la roca Vulcano debería estar en la meta. Ahí si que gritarían todos!  Llorar también, pero el “siempre digna” me retiene, me muerdo, me aguanto, mis amigos me abrazan. Alicia llegó tercera en su categoría. Miguel llegó como lechuga, a las 6 horas de partida. Están preocupados. Me dan agüita. Me quitan las zapatillas, las calcetas.  Descubro lo que ya sé, las ampollas y uñas perdidas. Al lago. Enfriar la mente y el cuerpo. Se me pasa.

Llegué Csm!!

PD: Domingo. Comienza el viaje de regreso a Los Ángeles.  Miro hacia atrás. Pienso en mis pies, en la rodilla que ya no duele, en que no me siento contracturada a pesar de todo. Cansada? absolutamente si.  Pienso en la ruta y en mis errores. En la falta de entrenamiento.  En mi lastimosa llegada. Pero sobre todo pienso desafiante mirando el volcán: 

A por ti VUT 2014!!

Leila Villagrán Mendoza.

Puerto Varas, Diciembre 2013.

Vota por este relato en Facebook