Vulcano Ultra Trail

Diciembre - Petrohue, Lago Todos Los Santos, Chile

Vulcano Ultra Trail VUT

Relato VUT #20 por Jaime Hume

Con sueño llegue al estacionamiento en el lugar de la partida, oscuro y con algo de frio. Comienzo con los preparativos, mientras observo alrededor siluetas y vehículos llegando.

Me empiezo a mover nerviosamente sin parar, tratando de decidir como vestiré, mientras sensibilizo el clima tratando de descifrarlo, mientras tanto pongo debidamente centrado el número de competidor a la altura del pecho de la polera de manga corta de mi club.

Con tanto ajetreo entro en calor y decido sacarme las calcetas largas que usaría para abrigarme, pongo el Chip a mi zapatilla, luego la polera y un cortaviento.

Decido cambiar la mochila de hidratación por el cinturón de hidratación de una botella y un bolsillo.

Afanado estaba en los preparativos, cuando avisan que hay café disponible, una excelente noticia ya que no había tomado desayunado en el Hotel, me acerco rápidamente al puesto y me empino dos cafés con galletas mientras observo como las siluetas a esa hora ya cobran formas, entonces empiezo a reconocer a corredores, amigos y el paisaje se empieza a desnudar para insinuar con una tenue frescura en el ambiente, su belleza agreste y hermosa.

Luego comienzo un trote, no para calentar, sino para relajarse y dar paso a la infaltable ida al baño. De vuelta me encuentro con mi liebre, la gran Marlene Flores, conversamos y le pregunto sobre cómo va estar el día y me responde caluroso, así que inmediatamente dejo el cortaviento, sabiendo que ella es Sureña y conoce bien el tiempo del Sur.

Correría a sensación, como me gusta; casi descalzo, sin calcetines con mis zapatillas Vibram FiveFingers Lontra; sin reloj; sin monitor cardiaco; sin GPS; con short; polera de manga corta; un cinturón de hidratación de una botella con agua, con su bolsillo aperado de avellanas, pasas, una pampita con queso azul y tres Apitop.

La ansiedad me embarga, respiro profundo y seco mis manos sudorosas en el short mientras espero la llamada al encajonamiento para largar.

Lo más emocionante estaba por venir correría en un entorno natural, agreste con superficies variadas y paisaje escénico prometedor del Sur de Chile, donde además realizaría la carrera más larga en distancia a la fecha corriendo casi descalzo y con buen clima. Todo un desafío me esperaba y eso me ocasionaba mucha ansiedad.

La largada como es habitual rápida, impulsiva, como tratando en esos primeros metros liberar toda esa energía producto de la adrenalina que se acumula a punto de estallar. Instintivamente cuento a los que van adelante, esta vez fueron catorce. Conforme avanza la carrera el paisaje va cambiando de caminos a senderos y planicies que van mostrando lo maravilloso del circuito.

Aclarando las siluetas cobran su real forma y entonces me embarga un sensación de tranquilidad, se me olvida que casi no dormí, se me olvida que no pude estar en la charla técnica, se me olvida que no estudie el circuito con detalle y solo importa que estoy corriendo bien, en un lugar hermoso.

Ya en plena competencia distingo claramente los que van adelante, al lado y detrás, mi liebre no se ve.

Me siento bien, tan bien que no me doy cuenta del paso del tiempo, ni modo no llevo reloj, estoy inmerso en el circuito solo observo el entorno  espectacular y remonto sin perder de vista a los que van adelante y llego así a la cima La Picada.

Luego de admirar el paisaje y divisar el  Volcán Osorno que nos esperaría en la segunda parte del circuito después de pasar nuevamente por la partida, comienzo un descenso por arena que me enterraba hasta más arriba de los tobillos. Pensé que no me entraría arena en mis zapatillas dado que tienen una prolongación ajustada hacia el tobillo que hace las veces de mini polaina, pero no fue suficiente y ya en el plano a sacarse las zapatillas para vaciar toda la  arena negra acumulada, perdí algunos lugares y me tuve que conformar al ver alejarse a los corredores que seguía.

De allí por lecho de rio y senderos trabados  luego para abajo un descenso a morir por la arena volcánica blanda.

Después de pasar el puesto de abastecimiento voy solo y comienzo a aumentar el ritmo de carrera ya que el terreno era de baja pendiente y va por bosque con vegetación baja y raíces, terreno que me acomodaba para recuperar posiciones.

En eso estoy, como suele suceder, presiento que alguien viene atrás y veo a mi liebre.

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Marlene viene como es característico a un ritmo sostenido y rápido, me alcanza y ya juntos se dan esas coordenadas maravillosas que dan paso a esos momentos sublimes.  La carrera desaparece, ambos corremos fuerte por la orilla del lago, salvando obstáculos, cruzando playa, entre medio de bosques, persiguiéndola y a ratos acompañándola.

Veo a la liebre correr en su entorno natural, que fue su hábitat en su niñez, me veo corriendo a sensación detrás de ella sintiendo una sensación de libertad quizás la que tuvo Marlene en su niñez. Se dan las coordenadas de espacio, tiempo, entorno y personas que hacen este momento mágico.

El jolgorio y los gritos de ánimo me sacan bruscamente del éxtasis y vuelvo a la carrera para seguir la segunda etapa del circuito, habíamos llegado al punto de partida.

Paso rápidamente a comer frutas, beber líquido, lleno mi caramayola con agua y emprendo la carrera, Marlene se retrasa pero a poco andar me alcanza.

Seguimos en carrera nuevamente solos y empezamos a introducirnos en el bosque con vegetación baja y con mucho calor en un sendero de arbustos pequeños y zigzagueante a ratos.

Un zumbido se hace presente y empieza aumentar su intensidad, son tábanos que se siente cada vez más cerca luego van sobre tu cabeza y rodean tu cuerpo esperando que te detengas para hacer un festín de tu sangre que hierve de pasión en tus venas mientras corres a no más dar. Luego se convierten en un enjambre de entrenadores de esos que  te observan que te siguen con la mirada y que al más mínimo intento de aflojar te gritan para que mantengas o aumentes el ritmo, así que no paras de correr y mientras lo haces los tábanos no te pueden picar.

Finalmente por extraña razón desaparecen junto con su zumbido, quizás por algún límite natural o sencillamente ceden ante la imposibilidad de esperar que te detengas primando la resistencia humana sin límites.

Marlene que con su forma casi etérea de correr también desaparece y a cambio empiezo ver corredores de las otras distancias con los cuales nos damos ánimos cuando los voy pasando y eso me insta a apurar el ritmo.

Diviso a mi liebre arriba encumbrándose entre medio de los corredores que van afanados y exigidos tratando de no ser tragados por la  Lengua de Piedra, esa masa de roca ígnea que emergió de las entrañas de tierra hoy pulimentada por el agua y el tiempo.

Era una oportunidad de avanzar y tratar de alcanzar a mi liebre los músculos a no más dar y el corazón en las amígdalas pasando a un sinfín de corredores que ratificaba que iba a un ritmo demoledor pero no lo suficiente para alcanzarla, el calor es grande y me animo a extraer saliva de la lengua de roca para saciar la sed.

Arriba en la cima Vulcano, una vista espectacular al Lago Todo los Santos, el Volcán Osorno con sus nieves eternas que invitaban a ir tocarlas y disfrutar de los alrededores con una visión panorámica de la grandeza de la naturaleza y nos hace ver lo ínfimo que somos dentro de esta.

Todo lo que sube tiene que bajar y esta vez en picada por arena y rocas sueltas, abajo nuevamente a sacarse las zapatillas para vaciar toda la arena de este hermoso lugar.

Sigo solo, dejo a corredores atrás y el grupo de adelante incluida mi liebre no se ven.

En terreno más plano trato de apurar el paso y lo logro, luego viene una parte muy trabada de vegetación finalmente salgo a sector de piedras grandes hasta que en algún momento estoy corriendo en camino de autos, luego me interno en un sendero que va por orilla de uno pozones del rio que daban ganas de meterse, zigzagueando por el bosque hasta nuevamente salir al camino de autos y me devuelvo, sin saber ni ser advertido que me faltaba una parte del recorrido.

Llegue a la Meta como un triunfador, luego me di cuenta de mi error y me acerque entonces a la organización y al control de tiempo para ser descalificado. No cumplí una parte del circuito no llegue al PAS Solitario, paradojalmente corrí solo y no encontré el destino.

Corrí más de 50 kilómetros en 08:14:52  lo hice bien y logre disfrutar de una conexión con el entorno, corrí a sensación como nunca lo había experimentado, corrí tras la liebre y no la alcance. Corrí con los pies en la tierra, livianos y holgados, sentí a cada paso el suelo mullido a veces esponjoso, la arena, el calor, el agua, las rocas, los arbustos, las orillas de playa; en fin pude sentir cada centímetro del terreno, cada irregularidad, corrí en un entorno maravilloso en una gran carrera y eso es lo que realmente importa.

Jaime Hume

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