Vulcano Ultra Trail

Diciembre - Petrohue, Lago Todos Los Santos, Chile

Vulcano Ultra Trail VUT

Relato VUT #12 por Sebastian Cisternas

COMUNIÓN DE GUERREROS CON ARMADURA DE ESPEJO

Las pastas sobre la mesa la noche del viernes, ya no lucían tan solo como un alimento, parecían mas bien el sello de un pacto, de un compromiso firmado meses atrás entre risas nerviosas y comentarios desafiantes. Ya no quedaba tiempo, estábamos en el camino sin retorno, en la recta final hacia la meta; ya que según veo las carreras empiezan mucho tiempo antes en la cabeza, como una vaga idea y un no tan vago entusiasmo (cada carrera es más larga de lo que marca el reloj desde la largada). Todos cargábamos en nuestra mirada el nerviosismo de la noche previa, cada uno llevaba en su mochila razones muy personales para estar en ese lugar, nos unía una intensión, la pasión de conocer nuestros limites, de movernos libres sin ayuda de lo artificial, de llevar nuestros pasos por el mismo camino con finales y objetivos tan diferentes … Pero estábamos ahí por la pasión, finalmente todos queremos saber y sentir lo que significa estar vivos, algunos nos llaman locos … Era  posible sentir la búsqueda interna de cada uno  (quizás era ya muy tarde) con pocas horas en un reloj que marchaba hacia atrás, era posible inhalar ese aroma de la incertidumbre, ese aroma que siempre se siente ante los grandes desafíos … quizás somos locos, pero gracias a esto nos sentimos realmente vivos.

Es como buscar la cumbre de una montaña imponente, empiezas de la base con paso firme y respiración controlada, buscando en cada segundo acortar la brecha que hay entre el comienzo y la increíble vista que te ofrece la naturaleza estando en un punto más alto.

Imagino la cantidad de ideas, miedos e ilusiones que deben haber pasado por la cabeza de cada uno de mis compañeros antes de conciliar el sueño, al menos mi cabeza no dejaba de dar vueltas entre dudas e inseguridades … Pero debía dormir, debía lograr descansar antes de que el reloj me diera las 4:30 am …No hubo sueños esa noche.

Un sonido lejano en el dormitar me hizo incorporarme y darme cuenta que el gran día había llegado, mi segunda carrera, mi primer ultra, la primera que superaba los 21 kilómetros de aliento, quizás todos tenían razón y estábamos súbitamente locos. Las ropas me esperaban, polainas, mochila, gorro, compresoras y mis zapatillas se transformaban en la armadura para enfrentar esta batalla. Suspirando ligeramente decidí que algo debía comer, mis compañeros de seguro estaban cargando su cuerpo con azúcar, yo necesitaba hacer lo mismo ...aún no podía despertar del todo ... La hora acordada era las 5 am. Estábamos puntualmente listos para enfrentar el pacto que habíamos tomado unos meses atrás, el Nico, Marce, Pauli y Mauricio (gran culpa tenía en mi presencia)  parecían entender perfectamente lo que por mi mente pasaba, probablemente éramos como espejos en ese momento ... Sólo necesitaba mi iPod en ese instante y hundirme en algunas letras de reflexión ... "never want to be old" decía la letra que me acompaño entre tarareos hasta la línea de partida, seguida de un "there is no pain you are receding" .

Arribamos al lugar entre conversaciones nerviosas, en un auto inundado de una alegre preocupación, pero ya sabíamos que estábamos en esto juntos, sin ánimos de poner un pie atrás del camino. Nos esperaban los anticipados, los cuales ya estaban en la línea esperando con ansias la largada, con café en sus manos ... Era cómo estar en un salón de relucientes  espejos ... no nos conocíamos, pero a la vez parecíamos extremadamente cercanos, seguramente estábamos enlazados por un sin fin de sentimientos momentáneos que debían ser vaciados en una ruta aún desconocida, una incógnita comunión. Nos agrupamos y disfrutamos retratar este momento para la posteridad, reímos y desde este instante fuimos una oleada de cuerpos que hacían parte de la montaña enfrentando sus propios motivos, era hora de partir.

Quise mantenerme con mi grupo y resguardar mi ritmo, pero la masa me llevo un poco más adelante, aún me sentía dormido y dudaba de las capacidades que tenía entre manos, parecía imposible poder llegar a destino, creo que mi cuerpo aún se mantenía dormitando, generar pisadas era aún un esfuerzo demasiado pensado. Debo haber estado 5 kilómetros pensando cada paso que daba, tarareando canciones y pidiéndole a mi cuerpo que entrara en calor, aún no lo estaba disfrutando ... ¿Era capaz?, lo pensé demasiadas veces por quizás 5 kilómetros ... Cuando nos hundimos en el bosque y se evidenciaron las primeras subidas fue cuando mi cuerpo comenzó a responder, o quizás fue el instinto que me ha dado la montaña y años de caminatas por senderos, es imposible no recordar las peregrinaciones de niño  entre la flora y el barro junto a las voces de amigos y mi padre. Me sentía completamente vivo, mis pasos se volvieron seguros y las subidas iban perdiendo distancia sin siquiera darme cuenta, había despertado, mi cuerpo avanzaba impulsado por la determinación de ver el más allá. Comenzaba a cruzarme con el grupo, con voces de aliento y preguntas (¿cómo vamos?), siluetas de naranjo me llamaban por mi nombre y me alentaban a dar un poco más ... ¿Dónde estaban mis compañeros?, mi mirada buscaba destellos flúor en el camino ¿? ... Ya estaba en la carrera, ya estaba enfrentando el impulso que vino en el pasado motivando a enfrentar este algo que nos hace sentir tan inmensamente bien. Era posible compartir tramos de la ruta con improvisados amigos, todos nos apoyábamos, la ruta ya se hacía ver como exigente, todas las palabras alentaban un poco más a seguir la senda. Un cuerpo más despierto se vuelve más dinámico, ya había encontrado mi ritmo y respondía bien cuando el terreno me exigía cambiarlo, las bajadas se transformaban en un deleite para los sentidos, llenas de emoción y desafíos y a la vez de esa grata brisa que da un poco más de velocidad ... ¿Será esto la real felicidad? ...

Por un momento perdimos la ruta, éramos unos cuantos que guiados por la masa olvidamos las marcas que mostraban el camino a seguir. Con las primeras naranjas escondidas en el oasis pude encontrarme con la Pauli, que con su característica alegría y armonía puso sus pasos junto a los míos, emprendiendo nuevamente el rumbo del desafío. Corrimos sin percances a un ritmo cómodo, inclusive disfrutando el apabullante paisaje que nos rodeaba, montañas y lagos se presentaban como el perfecto agente de aliento en el rumbo que llevábamos. Así pudimos llegar a completar nuestros primeros 30 kilómetros, entre regalos de la naturaleza y movimientos guiados por un interno metrónomo, nuestros compañeros nos recibían en la mitad del camino, aún sin correr parecían ir a nuestro lado, nos brindaban su siempre característico entusiasmo y exclamaciones de aliento, todo parecía ir de maravilla, grande Circuito Sur !!!.

Empezando los primeros kilómetros de la segunda etapa un acarreo me sorprendió haciendo perder estabilidad a mi pierna, cosa que mi cuerpo no logró anunciar (mi rodilla derecha lo pago todo). El dolor era grande, en mi cabeza pasaron mil preocupaciones. Sin querer perdimos la ruta, tanto la Pauli como yo llevábamos un ritmo cómodo y constante, pero uno de los de polera naranja pudo indicarnos que nos habíamos desviado, que por alguna extraña razón nos habían guiado mal, habíamos perdido inevitablemente una hora ... uuuuffffff ... fue imposible ser inmune a esto, ciertos rasgos de desmotivación llegaron sin hacerse esperar, pero no podíamos detenernos, estábamos en medio de todo lo que en nuestra mente importaba. Cerca del kilómetro 40 mis fortalezas parecieron ser arrancadas  por la brisa de la montaña, como si todo rasgo de glucosa se hubiese evaporado en el sudor, manos dormidas, espalda anudada, mi cuerpo parecía entender muy tarde lo que mi cabeza le contaba. Era el más puro cansancio, sólo podía recordar lo estudiado y saber comer lo más que pudiera, seguido de bocanadas llenas de agua desde mi mochila y un respirar muy hondo antes de seguir moviéndome. Fueron minutos difíciles, en donde contaba cada paso necesario para que mi cuerpo volviese a reaccionar; no fue fácil conservar la convicción de esperar el anhelado momento de un segundo aire, pero valió la pena, ya que es la única forma de seguir en camino.

Las bajadas me hicieron recordar el dolor que sentí kilómetros antes, en momento se volvió intolerable obligándome a suprimir el paso y caminar pendiente abajo, tenía que resistir, sólo quedaba el lapso final. Cada pulso de dolor que venía a mi rodilla me hacia recordar las palabras de seres queridos, quienes me hacían entender que detenerse no era un acto de cobardía, amigos que despertaron esa mañana juntó a mi para llenar mi teléfono de mensajes de aliento ... ¿Quizás era momento de abandonar? ... pero no podía aceptarlo, tenía que ser tan normalmente terco e intentar decirle a mi cabeza que olvidara el dolor que cargaba en mi pierna. La Pauli me alentaba a cuidar mi rodilla y seguir con un paso más calmo, ¡¡ que rabia !!, antes iba todo tan bien. Juntos logramos avanzar montaña abajo, el frío del agua proveniente de los deshielos fue un quita memoria para mi rodilla y me permitió seguir bajando en un ritmo más adecuado, pero sólo por algunos minutos, las bajada se habían transformado en un gran enemigo en esta etapa. Sólo había que morderse los diente, pensar en alguna melodía y bloquear la cabeza para seguir adelante. Por intervalos mi cuerpo parecía suprimir el dolor y darme una tregua para buscar una marcha en esta carrera, era una batalla contra mi mismo ... Probablemente todos blandían espadas contra guerreros espejo.

60 kilómetros en la montaña te dan el tiempo para mezclarte en un sin fin de emociones, para pensar en evaluaciones del estado de vida, para entender la simpleza de la tierra y las exageradas complicaciones que asumimos. Al final somos tan pequeños en un mundo de proporciones gigantescas, en donde la topografía nos declara que ella ha estado allí durante innumerables años y que solo somos visitantes con la oportunidad de admirarla. Es en la montaña y en medio del bosque donde he encontrado los mejores consejeros y esos estados de paz que hacen esbozar sonrisas.

Un paso, otro paso, dolor, un mareo, otro paso, hay que seguir. La tónica del camino a la meta se tradujo entre cansancio, temple y una convicción ciega de llevar nuestros cuerpos hacia el encuentro con nuestros amigos y objetivos. Marchamos, trotamos, corrimos sin dar espacio a la evaluación de nuestras fuerzas ... Todos nos animaban, ¡había que seguir! ... Les quedan 800 metros !!!, estábamos ya en la línea de llegada, sólo había que cruzar la banda de sensores y esto llegaría a su final.

Sueños personales se habían cumplido, desafíos individuales habían sido enfrentados ... motivos que no es necesario explicar habían sido gatillantes para enfrentar esta aventura ... Entre abrazos y palabras de emoción esto se había terminado, nuestros pies habían llegado a la línea final. Pero creo que todos sabíamos que ya en cierta medida no éramos los mismo, éramos una versión un tanto alterada de los que partieron a las 6 am ... Quizás ahora éramos mejores, o al menos nos conocíamos más.

Sólo es posible pensar que sin razón aparente cada uno de los esfuerzos, cada rasguño, cada esfuerzo vale enormemente la pena. Cada uno fue impulsado por un pasión común que nos une, pero en secreto cada uno guarda los motivos y satisfacción que representa dar el máximo en una carrera como esta, en una batalla en la montaña; en dónde el principal enemigo es el uno mismo y los sueños que van siendo alcanzados. Esto era una comunión de guerreros que firmo un pacto con la senda para enfrentar sus mayores miedos, para alcanzar sus sueños intentando tocar el cielo ... Una batalla en la que todos eran honorables ganadores.

... No puedo más que agradecer el estar vivo ...

Sebastián Cisternas 
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Circuito Sur , Valdivia.

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