Vulcano Ultra Trail

Diciembre - Petrohue, Lago Todos Los Santos, Chile

Vulcano Ultra Trail VUT

Relato VUT #5 por Felipe Alonso

Me senté en el avión en Santiago, pensando en qué locura me había metido. Eso de correr en la Patagonia, entremedio de los bosques y con dos volcanes de telón, me tenía un poco intimidado.

Y no era por falta de capacidades, me decía yo… si he subido el cerro El Plomo un par de veces, un par de trotes dos veces a la semana… poco trasnoche, buena alimentación, perfectos los exámenes médicos…

En fin, me auto convencía, la inquietud no venía de la carrera en sí. Venía del tener que competir. Más profundo aún, del miedo al ridículo. De llegar a la meta, a medio desmontar, con ruido de grillos de fondo, cri, cri. Con los estands de los auspiciadores vacíos y con los cronometristas con cara de sueño y lateados…

Seguía hablándome para elevar la moral sentado en el avión, hasta que empiezo a ver un desfile de tenidas ultra pro, estilo maratonistas gringos, hablando de la carrera, de los paisajes, de los tiempos. ¡arghhh! ¡Qué papelón voy a hacer corriendo con estos tipos! Otra vez el fantasma de la llegada con la luz de la luna a la meta… una hora y media que duró el vuelo pasándome la película.

Eso, hasta que llegó el avión a Puerto Montt y… los ultra pro maratonistas, ¡se quedaron en sus asientos! ¡Eran ultra pro, pero CICLISTAS, camino a Balmaceda!

Qué liviano me resultó el trayecto desde el aeropuerto hasta Puerto Varas.

Hasta que llego al hotel donde se hacen las acreditaciones y veo en la puerta nada menos que a ¡Cristián Bustos! Y le comentaba a un colega runner, que venía a correr los 15 kilómetros. Igual que yo.

Otra vez los fantasmas de la luna y los grillos de escenografía de fondo a mi llegada. Casi me devuelvo a mi hotel y continúo los días de estadía más destinado a la gastronomía de la región.

Pero pensé en que los últimos metros de los cerros, con sus falsas cumbres y apunamientos, son siempre los más difíciles, así que escalé los últimos peldaños que me quedaban… y entré a acreditarme. Dos pasos más, hacia la puerta, entro y, ¡me encontré con el Chile de la calle! Todo era buena onda, gentes de todos tipos, tamaños, inspiraciones, edades, tallas, y demases, gringos y argentinos, esposos y esposas abnegados que acompañaban a sus parejas atletas, guaguas en coche. Había claro, muchos corredores elite, Cristián Bustos incluido, hombres y mujeres pura fibra. Y otros tantos ciudadanos de a pie (de a zapatilla de trail, mejor dicho), todos en la misma, disfrutando –con no poca ansiedad y ganas de partir corriendo pero ya- y todos entusiasmados.

Así que de golpe me sentí uno más, me fui a comer un plato de tallarines con una cerveza de la zona (es que soy bien amateur para el trail, sobre todo a la hora de “hidratar”) y al sobre, hasta el gran día.

De la carrera, decir que fue magnífica. Espectacular el lugar, extraordinaria la organización. Se notó el cariño y las ganas de hacer bien las cosas de los suicidas que armaron el cuento y el amor por su región y su naturaleza. Exactamente a la hora programada empiezo a correr mis 15 kilómetros en medio de una multitud que hacía avanzar lento, al lado de un señor de la Conaf (creo que era de la Conaf porque nadie más puede correr con una radio en la mano) y a deslumbrarme por el circuito elegido y a reírme con las tallas de los eventuales acompañantes de ruta.

Y a la meta… llegué de día y con aplausos (o al menos eso parecía escuchar a mí)… já… ahí estaremos el 2014…

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