Vulcano Ultra Trail

Diciembre - Petrohue, Lago Todos Los Santos, Chile

Vulcano Ultra Trail VUT

Relato #2 por Carlos Sotomayor

Una medalla dentro del pecho

 Una carrera tan linda y difícil como la Vulcano Ultra Trail, quizás merece líneas y líneas de elogios, tanto por la excelente organización, como por su impactante belleza escénica. Sin embargo, yo me quiero detener en tres medallas que no colgarán del cuello de mis compañeros, y que seguramente, reposarán en algún cajón acumulando polvo y olvido.

Porque de relatos felices están hechas las carreras, de abrazos por la meta cumplida o por los podios alcanzados. De fotografías con aspecto extenuado, pero que guardan esa sonrisa del deber cumplido. Pero en ocasiones, la realidad nos arroja con su dureza acostumbrada, historias que van más allá de colgarse un trozo de metal en el cuello y que nos hablan de esfuerzo, locura, honor y compañerismo

El responsable

Pero partamos por el principio, porque para el Club Circuito Sur Running de Valdivia, el Vulcano Ultra Trail, empezó por los primeros días de septiembre, cuando nuestro referente-trail, Nicolás Nazal, nos contó que un grupo de amigos estaba organizando una carrera en volcán Osorno.

Desbordados por el entusiasmo característico de nuestro club –en el que Mauricio Delannoy lleva el estandarte- no demoramos mucho tiempo en comprar los tickets, aprovechando los precios de pre-venta y alentados por recibir la “distinción” de ser uno de los pocos clubes invitados, nos embarcamos en este desafío. Fuimos más de 25 integrantes anotados en las tres distancias.

Por primera vez, Circuito Sur desde su creación, dejaba el pavimento y las zapatillas livianas, para cambiarlas por calzado con huella profunda, para aventurarse a explorar los cerros cercanos a la ciudad. Y así fue como el equipo técnico definió la estrategia que seguiríamos para afrontar de mejor manera este nuevo desafío.

La mayoría, sin experiencia en montaña o en carreras de trail running, claramente no tenía la menor idea de lo que se venía. Al menos en mi caso, en cada paso que daba para alcanzar la piedra Vulcano (punto más alto de los 33K y por el que pasaban también los corredores de 62K) me acordada de la querida Killer, apodo con el que cariñosamente llamamos a nuestra entrenadora Claudia Thomas. En ese momento entendí el porqué de las estocadas, sentadillas, y hasta el Michael Jackson, que fue como bautizamos un ejercicio para fortalecer los cuádriceps.

 Cada domingo, antes de VUT, empezamos a realizar ejercicios de fondo por terrenos que nosotros creíamos parecidos a lo que íbamos a encontrar en el volcán Osorno,  ¡qué ingenuos! Religiosamente los fines de semana corríamos hacia Punucapa bordeando los ríos Cruces y el Cau Cau, un par de veces subimos al Parque Oncol por caminos abandonados, alcanzando casi 600 metros de desnivel, y en otras ocasiones, rodamos 25K por Santa Elvira, con unas cuestas bastante duras también.

Los días pasaban, y el 7 de diciembre cada vez parecía más cerca. La ansiedad estaba al tope y una semana antes, algunos de nosotros empezamos a evidenciar problemas para conciliar el sueño, siendo la última “Carta para los Corredores” enviada por la organización, la que nos dejó hiperventilados, con las ansias de que el tiempo pasara rápido y estar de una buena vez en el punto de partida.

No lo vimos venir

Una vez terminada la carrera, ya estando en la cabañas donde nos alojamos, llamé una a una amiga para contarle como me había ido, lo duro de la ruta y que increíblemente anduve como 7 horas por el volcán para cumplir con los 34K (no 30 como dice la medalla). Y en ese momento ella me dice: “Definitivamente, no lo viste venir”.  

¡Y claro! No lo vi venir, y ninguno de nosotros se imaginó tamaño desafío. El viernes 6 partimos a Puerto Varas en caravana, compartíamos fotos en el grupo “Vulcano” de Whatsapp y nos reíamos de las tonteras clásicas, siempre con el ánimo bien alto. Llegó la noche, en cada cabaña del complejo no sólo se respiraba el inconfundible aroma a tallarines con salsa que cada grupo preparó, sino que también se podía sentir el olor a entusiasmo y ansias de la aventura que estaba por venir. La últimas coordinaciones por chat: los cinco valientes de los 62K Nico, Pauli, Marce, Mauricio y Seba, partirían a las 05:00 AM hacia el punto de largada. El resto que participaría de 33K y 15K lo haría a las 08:20 hrs.

La verdad es que desde que llegamos al punto de partida y hasta que nos dieron el inicio,  el tiempo transcurrió como en un abrir y cerrar de ojos. Los participantes de 33K partimos a las 09:30 hrs., sin saber cómo estaban nuestros compañeros de 62K, y sintiendo el aliento del grupo de 15K, y de Rodrigo, Claudia y Marce Uze, que nos brindaron todo su apoyo imposibilitados de correr por esta vez.

Un vez en ruta, son distintas las sensaciones por las que uno atraviesa. El contacto con la naturaleza, la belleza del paisaje, la respuesta de tu cuerpo y la preocupación por el camino se van conjugando para que tu cabeza vaya armando un puzzle que le cuesta resolver.

Los fantasmas aparecen y desaparecen, así como lo dolores. Primero es un dedo, luego la rodilla, más tarde un músculo y al finalizar la espalda. No puedo hablar por mis compañeros, todos y todas son unas máquinas envidiables, pero sí puedo narrar como yo me iba sintiendo.

Antes de llegar a la roca Vulcano, me detengo y observo el paisaje. Y ya no sólo escucho mi corazón a mil, sino que creo que soy capaz de sentir cómo la sangre es expulsada en cada latido. Me asusto un poco, y dejo que mis pulsaciones bajen. Continúo el ascenso y en la parte más alta estaba la Lore, qué alegría de ver una cara conocida, después de pasar mucho rato solo. Y minutos más tarde aparece Lucho, que como buen “tractorcito”, le puso primera a su caja de cambios en la montaña, y empezó dejar atrás a los competidores. Parte la Lore, luego lo hacemos con Luchin aunque por poco rato juntos, porque al empezar el descenso sólo le vi el polvo que levantaba. Se notó demasiado que estaba en su hábitat.

Así se sucedieron los kilómetros y las sensaciones. Cómo odiábamos (entre comillas, se entiende) a la personas en los puestos de abastecimiento que nos decían, “no, si el próximo PAS (Puesto de Abastecimiento y Seguridad) está a tres kilómetros” cuando en realidad quedaban al menos seis K. Y mención aparte para la gritadora oficial de VUT, que estaba antes de subir al “Solitario”, ¡qué pulmones de la flaca!, te gritaba cómo si fueras el corredor más importante y te alentaba a seguir de forma desatada, tanto que a algunos incomodó y a otros encantó e incluso emocionó.

Los 4 kilómetros finales, a pesar de lo duro, te entregaban la esperanza de que ya no estabas tan lejos. Pensaba en la Caro, Felipe, Jony, Roberto, César, Italo, Lore y Puchi, que a esa hora ya debían estar descansando, agotados, pero con la satisfacción de haber cumplido. Con Lucho nos fuimos juntos, dosificando y narrando nuestros dolores.

El último tramo sobre la playa fue una delicia, poco importó correr sobre la arena, porque ya sabíamos que la meta estaba ahí cerca, podíamos presentir el arribo.  Y así fue como apareció el final y junto a este la mayoría de nuestros amigos.

En ese momento uno mira al grupo y escucha gritos y ve manos en el aire, sin distinguir mucho quien te alienta, pero tengo grabada la cara de la Cata y Felipe gritándonos y alentándonos casi eufóricamente, tanto así, que se me paran los pelos al volver a recordar ese lindo momento. Era el logro de algo que parecía interminable, sus abrazos fueron el premio al esfuerzo y la alegría de saber que pertenecemos a un grupo que cada día crece y se fortalece en torno al deporte, en torno a una pasión.

Tampoco quiero dejar de mencionar el esfuerzo y entrega de los competidores y competidoras de los 15K, porque podría apostar que nunca imaginaron lo difícil de su ruta, pero que de igual manera la cumplieron con éxito: Kika, Consuelo, Annette, Cata, Rodzam, Carola, Julian, Carlos, Simone, Rodrigo, Laura, Maca, Gina y Pamela.

Y líneas aparte para nuestra head coach, Carola Puschel, segunda en su categoría en 33K y quien postergó su viaje a Inglaterra -donde pasará al menos tres años- para competir con nosotros en VUT, como su carrera de despedida.

 Tres medallas rojas

Cuando nuestros compañeros nos comunicaron su decisión de correr los 62K, muchos pensamos que estaban verdaderamente locos. Parecía una distancia inalcanzable desde el punto de vista físico, pero yo al menos ¡qué equivocado estaba! Nunca pude vislumbrar el tremendo corazón que tenían, especialmente Pauli, Marce y Mauricio, quienes a diferencia de Seba y Nico, no poseían experiencia en montaña o en carreras de ultra trail.

El Nico fue el primero en llegar de los 62K, con una rodilla desecha, logró sobreponerse y terminar con éxito -la que a su juicio- ha sido la carrera más difícil que le ha tocado enfrentar. Más tarde aparecieron el Seba y la Pauli, que hicieron un tándem perfecto y se apoyaron mutuamente para avanzar por el volcán por casi 12 horas. Personalmente lo de la Pauli me parece épico y fuente de inspiración.

Y quedaban aún dos compañeros en ruta. Los días previos, ambos se habían juramentado correr juntos, de no abandonarse y así lo hicieron. Ni la arena, las rocas, ramas o las subidas pudieron con ellos, sólo el tiempo, el maldito reloj que no te espera, y que finalmente, no les permitió continuar. Pasado los 50K fueron obligados a detenerse.

Nadie, bajo ningún contexto, pondría en duda el valor y la entrega de estos dos corredores,  que dejaron todo tratando de conseguir completar la ruta. Sus medallas seguro aguardarán un año, cuando el 2014 lo vuelvan a intentar, con la experiencia del VUT 2013 y con todo el ánimo y apoyo que les entregan sus familias y sus amigos de CS.

Y en una historia aparte, Jony, nuestro crédito, un cabro bueno para todo, malo para nada. Festejó con ganas su tercer lugar en su categoría. Pero con el pasar de las horas, cotejando su GPS y con las narraciones del resto de competidores de los 33K, cayó en cuenta que no había cumplido con todo el recorrido.

Puedo imaginar las vueltas que le dio al asunto. Ya el domingo lo comentaba por nuestro chat de Whatsapp y se notaba que el tema lo tenía afectado. Quizás no tanto por el podio, sino por no obtener el tiempo exacto del circuito realizado.

Ya pasada las 21 horas de ese mismo día, Jony escribe en el chat: “mandé un mail a la organización, pidiendo que me descalifiquen”. Mensaje que al menos a mí me tocó muy profundo, primero porque yo hubiese hecho lo mismo, y segundo porque sólo engrandece la figura de Jony, demostrando en su actuar que la honestidad y lealtad, está por sobre cualquier éxito deportivo. Y con esto, también resalta el esfuerzo de Roberto, que sin mediar el error involuntario de Jonathan, quizás hubiese alcanzado un lugar en el podio o al menos ser el primero de CS en cruzar la meta de los 33K.

Es por todo lo narrado, que para Mauricio, Marce y Jony, esta vez su medalla no es de metal, sino de músculo, sangre y venas, y está bien metida en el centro de su pecho. Porque su medalla es su noble y fuerte corazón, que de seguro late y late, esperando el momento de volver a colocarse en un punto de largada y lanzarse a una nueva aventura.

Nuestro chat ya cambió a Vulcano 2014.  Y el Volcán Osorno, quieto y sublime, aguarda por la marea amarillo flúor de los valdivianos que otra vez irán a dar la pelea.

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Autor relato:

Carlos Sotomayor Vega, Corredor 33K.

Club Circuito Sur Running

Valdivia, Chile.