Vulcano Ultra Trail

Diciembre - Petrohue, Lago Todos Los Santos, Chile

Vulcano Ultra Trail VUT

7. Tatiana Sepúlveda

06:00 am, un fin de semana cualquiera. Suena el despertador. 120 latidos por minuto…. No estoy asustada, no tengo miedo, no estoy enferma. Es emoción.

Corro para ver la luna solitaria, que aclara el camino. Me muestra la cordillera nevada, y las estrellas, titilan animando a llegar más y más alto.

Corro por el aire frío que baña mis pulmones, cala en los huesos y te hace sentir vivo.

Por el amanecer, que te enseña a ver las cosas de un color distinto. Hace un rato todo era oscuro y con los primeros rayos se torna cálido, ilumina las hojas, permite ver el rocío, admirar el paisaje.

Corro por el compañerismo, lo gratificante que es forjar una amistad en el cerro. Compartir experiencias, sueños, metas. Ver una mano extendida ayudando a ponerte de pie en una de aquellas tantas caídas. Agua en la herida, y seguir.

Corro por lo romántico que es, horas y horas  con el cerro y tu amor. Por llegar a una cima y que esté él, animándome a seguir. Llegar arriba, un abrazo y un beso como premio, y vamos. Pensar en él en las carreras, correr aún más rápido para verlo en la meta y contar lo maravilloso que fue.

Corro por la adrenalina de la bajada. La gravedad se torna tu amiga esta vez, y vas cada vez más rápido, esquivando cualquier obstáculo. Saltas, viento en la cara, te tropiezas, te equilibras, derrapas, caes y ríes.

Correr es sentir cómo la energía se concentra en tus piernas y estalla al ritmo incansable de tu corazón, que se hace grande, por el solo hecho de haber llegado hasta ahí. De tener el coraje de haberte levantado, de rechazar juntas con amigos, sacrificar horas de estudio, desde sentir frío y hasta morir de sed y calor, de que te duela todo y conozcas nuevos músculos, que duelen, y por eso sabes que existen.

Corro por conocer lugares maravillosos, que te hacen sentir la criatura más miserable entre tanta inmensidad. Y la más grande, una vez que te das cuenta hasta dónde has llegado.

Por recorrer mi cerro Ñielol, lugar de cultos ceremoniales, tierra fértil. Imaginar hace varios años atrás, cómo los Araucanos pudieron recorrer los mismos caminos, innumerables veces. Y entonces la sangre lo exige.

Correr es la catarsis del alma. Recibes la fuerza de nuestra tierra, que inunda de pies a cabeza todo tu cuerpo. Es nuestro elemento sanador, purificador y energizante.

Y entonces, cuando me preguntan, ¿Por qué corres? ¿Por qué corres tanto? ¡Estás loca!

 …Todas estas cosas pasan por mi mente, me siento en paz, feliz. Sólo me limito a sonreír, porque difícilmente entenderán, esta maravillosa locura.     

Tatiana Sepúlveda