Vulcano Ultra Trail

Diciembre - Petrohue, Lago Todos Los Santos, Chile

Vulcano Ultra Trail VUT

5. Jaime Hume

Difícil respuesta a tan simple pregunta ¿por qué corro?, para tratar de llegar a una respuesta he hecho un rápido recorrido de mi vida y su conexión con el correr.

Fui un niño hiperkinetico no tratado y corría por todos lados, en mi tiempo felizmente éramos catalogados como niños desordenados, indisciplinados e inquietos. No fui al Psicólogo ni me dieron fármacos para tranquilizarme, pero más de un castigo recibí, por la enorme cantidad de anotaciones acumuladas en libro respectivo.

Todas nuestras actividades incorporaban el movimiento pedestre a distintas velocidades. Caminando al Colegio, todavía no se “inventaban” los buses escolares y el hermano mayor era el responsable de llevar y traer a los hermanos menores del colegio a la casa; Corriendo de un lado paro otro en el recreo; jugando; tocando timbres o sencillamente bastaba que alguien dijera “el ultimo que llega capotera” y todos a correr.

Nuestros juegos eran en la calle y en todos se corría; la pinta; el pillarse; la escondida; las naciones; las quemadas. En los Scout, se caminaba por senderos, muchas de las pruebas y juegos se realizaban corriendo.

No existían celulares, pero un buen silbido, distintivo de cada familia, bastaba para entender qué hora de regresar a casa y si este era repetido varias veces era señal de enfado, así que a correr a no más dar. A veces no faltaba el chistosito que imitaba el silbido de la familia para que corrieras en vano.

En la semana si se agotaba el pan en el día, había que contemplar ir en la mañana a la panadería a comprarlo, para desayunar antes de irse al colegio, así que en beneficio del tiempo a correr por el pan de la mañana.

En la adolescencia nos desplazamos a otros vecindarios donde el silbido felizmente no tenía “cobertura”, además por ser más grandes se nos permitía estar  más lejos de casa. Entonces la hora de llegada fijada era lo que importaba y siempre no era la que se nos acomodaba, así que a correr a casa para llegar casi en tiempo.

En los tiempos difíciles donde los horarios se respetaban a punta de metralleta, ni hablar, el trote se transformaba en carrera y en sprint para no infringir el toque de queda.

Los paseos a los cerros frente a Santiago, antes que llegara la colonización urbana que nos fue cerrando el paso año a año, siempre salía espontáneamente con los amigos la carrera de regreso. Así que de regreso de la quebrada de Macul, Vallecito, cerro Manquehue, cerro Provincia, Salto de Apoquindo, Poza del Coipo a correr se ha dicho hasta el pavimento.

El Servicio Militar hizo lo propio, en el prestigioso  Regimiento de Infantería Motorizada Nº 1 Buin, lo de motorizado solo sirvió para ir a dejarnos a buscarnos en el periodo de “vacaciones” en Peldehue. Ese periodo básico, difícil de olvidar, para formarnos como soldados combatientes donde todo el desplazamiento se hace al trote o corriendo dejando la polvareda. Todas las mañanas, en la instrucción, en el aporreo, en los ejercicios específicos, en los simulacros de ataque, para llegar a las formaciones en fin  éramos infantes (soldado que sirve a pie) así que al ¡Trote Mar! y con canto incluido.

Para ir a la Universidad tenía que ir al paradero a tomar micro y que en realidad  era “micro” la famosa Bilbao Lo Franco un diminuto bus que hacía el recorrido desde la garita de Isabel la Católica con Manquehue hacia la Estación Central. Salían de la garita cuando se llenaba o cuando el encargado de la garita daba un silbato, así que muchas veces había que perseguirlas a carrera para interceptarla en algún punto.

En la universidad, con los créditos deportivos a correr por el recortan y echar competencias con los compañeros en los test de Cooper que se tomaban al inicio y al fin del curso. Incluso profesores de créditos paralelos realizaban el test en conjunto para generar competencia.

Como me vieron tan alentado en reiterados créditos deportivo que tome, a la rama de atletismo me llamaron. El correr pasa de ser lúdico y espontaneo a ser metódico y competitivo, se despierta entonces la pasión por competir. Entro en ese frenesí contagioso de correr y competir en calle, cerro y montaña que con los años se fue incrementando.

En la vida laboral y familiar a auto entrenarse para seguir corriendo, esta vez optimizando el tiempo en post de la armonía y deberes familiares. Con tantos niños, los cumpleaños no faltaban y generalmente se hacían en recintos de diversión con horario, así que a sacar cuenta para ver si me alcanzaba el tiempo para ir y volver corriendo al alto del Naranjo u otro lugar. También las mañanas muy temprano a correr por el vecindario y lo fin de semana a correr mientras por los cerro mientras la familia dormía, así ni se notaba.

Pasaron buenos años entre familia, hijos, trabajo, estudio, corriendo y compitiendo. Pero llegaron malos momentos, momentos negros, muy negros… hubo que proteger el nido y los polluelos, así que el correr quedo postergado y mi vida perdió parte su encanto durante siete años.

No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, hace seis años atrás volví a correr. No fue fácil, quise recuperar el tiempo y la forma física perdida, entrene a morir y no morí logre reencontrarme con el correr y con el competir.

Primero fue en calle, luego en cerro y finalmente llegue nuevamente a correr en los cielos justo allí donde había quedado congelada mi vida de carreras y conforme fui avanzando en el correr mi estado anímico fue mejorando, tanto así que no pare y fui cada vez por mas.

Vamos con la respuesta de ¿por qué corro?

Corro, en una primera aproximación, porque siempre he corrido a lo largo de mi vida y para tranquilizar mi hiperactividad al liberar energía en la carrera.

Si pero hay algo mas, al principio era en forma lúdica y como medio de transporte, pero luego vino la competencia y la preparación para ello. Entonces también corro por que la competencia me apasiona, me fijo metas, me fijo distancia, me fijo adversarios, me fijo grandes carreras y si lo logro satisfago mi ego.

Pero también disfruto de correr solo, con lo justo y lo necesario en la alimentación; vestimenta; calzado; prescindiendo de accesorios tecnológicos de medición, control y monitoreo. Entonces corro por que recibo sensaciones placenteras al conectarme con el entorno y sentir los pies en la tierra, livianos y holgados; sentir cada centímetro del terreno; sentir cada irregularidad; sentir el frio y el calor; desarrollar el equilibrio, agilidad y coordinación; agudizar la visión y la concentración.

Pues entonces también corro porque desarrollo un ejercicio físico más completo y utilizo todos los sentidos cuando me desplazo de la calle a los cerros y luego a la montaña.

Corro porque es algo natural, beneficioso, estimulante, competitivo, y sensorial, donde los limites son un espejismo, los temores son virtuales y la edad un guarismo.

Corro porque entras en un estado de frenesí contagioso, donde no se habla de minutos si no de horas y días; no se habla de metros si no de decenas de kilómetros; no se habla de altura si no de desnivel acumulado; no se habla de paseos a los cerros, si no de grandes travesías y sky running; donde no alcanzas a terminar una carrera para comenzar con otra; donde todos van por mas y cada vez mas, fijándose metas de desempeño cada vez más altas.

Por todo esto corro y seguiré corriendo!!!

Jaime Hume